La burocracia, el intervencionismo político y el desgobierno de un SNS disgregado en 18 servicios autonómicos, es el principal lastre, y no el parco sueldo de los profesionales
Los médicos nos mostramos muy críticos con los recortes salariales anunciados por el Gobierno, al considerar que las medidas de ajuste centradas exclusivamente en castigar a los profesionales, lo que hacen es poner de relieve el fracaso más palmario de la sociedad –y de nuestros políticos en concreto-- a la hora de mantener a flote los servicios de calidad de los que todos somos potenciales beneficiarios.
De hecho, no cabe olvidar que las retribuciones que percibimos van más allá de su dimensión económica, al ser un indicador bastante fiable del grado de reconocimiento social de nuestra labor, y por extensión, del valor que se otorga a un pilar tan esencial de nuestro modelo avanzado de convivencia como es la igualdad de condiciones en el acceso a los cuidados de salud.
Por supuesto, la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), mayoritaria en su sector, tiene en cuenta que el actual estado de cosas (lo que en la calle se llama “crisis”) se enmarca en las dificultades que desde hace tiempo atraviesan los países occidentales para sostener aquellos servicios (sanidad y educación públicas, pensiones, prestaciones por desempleo, ayudas a personas dependientes, etc.) que los colocan a la vanguardia del desarrollo humano.
Es de justicia reconocer eso, porque nos pone en el camino de comprender acto seguido que las soluciones han de incluir una respuesta de alcance general, pues resulta evidente que Occidente tiene un gran problema derivado de que tiene que competir en inferioridad de condiciones y a escala global con países que pueden vender más barato porque no asumen los altos costes sociales que implican los llamados Estados de Bienestar.
Ahora bien, este análisis de la situación quedaría incompleto si no se añadiera que dentro de las naciones occidentales hay diferencias, establecidas en función de la mejor o peor gestión de la política económica (en lo que se incluye, claro está, la eficiencia de los servicios públicos). Que es así se pone de manifiesto al comprobar cómo dentro de la propia Unión Europea hay países -–Alemana, Francia, Países Bajos, etc.— con perspectivas menos inciertas que la que ahora empezamos a divisar en España.
La crítica de tintes políticos es, pues, inevitable. Si España afronta la situación en peores condiciones, lo lógico es pensar que es porque aquí hemos hecho los deberes peor que en otros lugares. Y no lo decimos para hurgar en las heridas, sino con el ánimo constructivo de quien intenta diagnosticar lo que no va bien como paso previo a poner en práctica al tratamiento que se estima oportuno.
MEDIDAS INAPLAZABLES
Centrándonos en la cuestión de la sanidad pública, que es lo que como médicos nos toca más de cerca, la CESM viene advirtiendo desde hace no menos de quince años de que su sostenibilidad estará en entredicho mientras no se pongan en práctica medidas de sentido común que hoy más que nunca parecen inaplazables:
• Es urgente (y llevamos un retraso de décadas…) que el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS), sobre el que en teoría recae el gobierno de los 17 servicios autonómicos de salud (18 contando al de Ceuta y Melilla) funcione con criterios cohesionadores y ejecutivos. El objetivo es que las decisiones se tomen por mayoría y sean de obligado cumplimiento en todo el ámbito del Estado. De este modo, se evitarían espectáculos tan penosos como la imposibilidad de llegar a calendarios vacunales comunes, o, sin ir más lejos, la adopción de discrecionales políticas de recursos humanos que coartan nuestro derecho a la libre movilidad en el conjunto del SNS.
• Los presupuestos que reciben las CCAA para Sanidad deben ser “finalistas”, es decir, no deben dedicarse a otros fines.
• Es necesario incrementar la productividad y eficiencia del SNS mediante un plan estructural de reformas que contemple dos objetivos básicos: de un lado, la reducción al mínimo de la burocraciay el papeleo (resulta inconcebible, por ejemplo, que a fecha de hoy aún no estén estandarizadas la historia clínica digitalizada y las recetas electrónicas); y de otro, poner fin al intervencionismo político, manifestado en diversas formas de clientelismo y nepotismo ideológico en la designación de puestos gerenciales, o en la jubilación anticipada de muchos médicos en la plenitud de su facultades para sustituirlos por personal con contratos eventuales o de interinidad sobre los que es más fácil ejercer desde arriba la influencia que en cada momento se desee (quienes piensen que en esta alusión hay cabida para previsibles conflictos relacionados con la objeción de conciencia, no van desencaminados).
• Hay que racionalizar el uso de los recursos, tanto por el lado de la oferta como por el de lademanda. En consecuencia, es ineludible una comisión de expertos en gasto sanitario que elabore un catálogo de productos y que se establezcan criterios de prescripción y financiación de los medicamentos.
• Creemos pertinente en las actuales circunstancia ir hacia una nueva cultura en la que losciudadanos se hagan responsables en la prevención de su salud y contribuyan aunque sólo sea de forma testimonial al gasto público que generan.
• Existe un proyecto de Pacto de Estado por la Sanidad que hoy duerme el sueño de los justos. Nuestro criterio es que debe relanzarse e incorporar las premisas anteriores, además de contemplar unincremento porcentual del PIB (seguimos estando 2 puntos por debajo de lo habitual en Europa occidental) y posibilitar que los médicos, en la medida que deciden el 80% del gasto sanitario, tenganmayores atribuciones en la gestión de la sanidad pública.
Estamos convencidos de que si ya fuesen realidad desde hace tiempo la mayoría de las medidas hasta aquí expuestas, no habría sido necesario el recorte retributivo anunciado. Incluso cabe suponer que hoy nos acercaríamos a los salarios de los colegas franceses, alemanes o ingleses, que doblan y hasta triplican los que se perciben aquí.
DOBLEMENTE INJUSTO
Vemos en consecuencia doblemente injustas las medidas adoptadas por el Gobierno, ya que la rebaja retributiva anunciada no tiene en cuenta -–y por tanto se suma-— a los sacrificios que los profesionales hemos hecho históricamente entregándonos a un servicio público que resulta tan ambicioso en sus fines como cicatero a la hora de dispensar un buen trato a sus profesionales. Hay que decirlo muy claro: si el SNS, a pesar de todas sus disfunciones, ha venido hablando bien de España no ha sido porque los políticos lo hayan mimado como debieran (volvemos a recordar el desfase en inversión con respecto a los países de nuestro entorno), sino porque los profesionales hemos puesto lo mejor de nosotros mismos a cambio de unas condiciones de tipo laboral (bajos sueldos, inestabilidad en el empleo, jornadas de hasta 24 horas, si no más, etc.) que no hacen justicia a nuestra preparación y responsabilidad.
No es extraño, por tanto, que en la sanidad pública española haya hoy déficit de médicos, motivado entre otras razones porque no pocos compañeros se sienten tentados a aceptar las ofertas más generosas que llegan de otros países. Tendencia, por cierto, que visto lo visto, mucho nos tememos se intensificará en el inmediato futuro.
HUELGA DE FUNCIONARIOS
Por otro lado, y con respecto a la huelga de empleados públicos convocada por tres sindicatos para el día 8 de junio, CESM desea manifestar que entenderá que afiliados a sus sindicatos confederados se sumen a ella, aunque como institución ha decidido mantenerse al margen porque observa que detrás de la protesta sólo subyace -–aparte del derecho al pataleo-- la contraproducente pretensión de volver a un statu quo político y económico que ha sido una de las causas de que nos encontremos en la situación actual.
El sindicato se encuentra contrariado especialmente porque las llamadas centrales sindicales “de clase” no hayan defendido su objetivo de que el recorte se hiciera de modo lineal para todos los empleados públicos, en vez de cargar el peso de la medida sobre quienes más ganan.